Conferencia del arquitecto Christoph Ingenhoven

Conferencia del arquitecto Christoph Ingenhoven, de Düsseldorf, Alemania, en el XXI Congreso de la UIA

 

ARQUITECTURA
“Nuestro planeta seguirá. Pero el acceso al agua, a la habitación y a la medicina tal vez no sean los mejores.
Con pragmatismo entusiasta, lejos del positivismo atávico, los arquitectos debemos cambiar. Las ciudades existen desde mucho antes de que la arquitectura existiera.
La arquitectura permite la vida, pero no representa la vida. Debe permitir y modificar el trabajo y el descanso.
La arquitectura debe buscar atajos para solucionar los problemas del mundo.
Necesitamos más generosidad que individualismo.
La arquitectura se hace con las manos, la cabeza y la conversación.
La diversidad es el mejor camino.
La arquitectura tiene que ser suave.
Tiene que ser lo más simple posible, pero nunca más simple que lo necesario.
El objetivo de la arquitectura debe dirigirse a la armonización de espacios poéticos con el mínimo gasto de energía.
Tranquilidad y contemplación son los únicos lujos que deberíamos lograr mediante arquitectura.
La arquitectura tiene que avanzar y permitir el avance.
La metáfora sigue siendo la del transatlántico de Le Corbusier.
La búsqueda de formas nuevas es algo temporal, con resultados que pueden ser bellos pero que nada agregan al hecho arquitectónico. La superficie de las cosas, de la que muchos arquitectos nos enamoramos, también puede ser bella, pero está destinada al fracaso.”

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Entrevista a Glenn Murcutt, arq. australiano

ENTREVISTA a Glenn Murcutt, arquitecto australiano

May 30, 2006
“La arquitectura debe ser una respuesta, no una imposición”

 

LLÀTZER MOIX – 30/05/2006
Barcelona

La arquitectura debe responder a las necesidades humanas, no imponerse a ellas”. Lo dice Glenn Murcutt, arquitecto australiano laureado con el premio Pritzker en el 2002, y miembro del jurado unipersonal del premio Década, que promovido por la Fundación Óscar Tusquets se falla mañana en Barcelona para galardonar el mejor edificio barcelonés construido hace diez años, en 1996.

– ¿Qué sentido tiene premiar una obra diez años después de hecha?

– La buena arquitectura no tiene edad. Me refiero a la que responde, y no a la que se impone. La que considera el lugar donde va a edificarse, los materiales más adecuados, la tecnología más apropiada, la luz, el espacio, la ventilación y, en definitiva, la cultura. Eso es lo principal. Y lo que olvidan las modas.

– Pues las modas parecen tener hoy mucha importancia.

– Ya lo sé. Pero eso sucede a mi pesar. Sé que estamos influidos por las últimas novedades, algo que a mí siempre me ha parecido sospechoso.

Como me lo pareció en su día el posmodernismo que nos querían imponer desde EE. UU.

– ¿Ha visitado ya los edificios concursantes en el Década?

– Una parte de ellos. Son trabajos muy profesionales. Pero algunos me parecen también algo chillones. Quiero decir que se parecen poco, por ejemplo, a las Cotxeres de Sarrià de Coderch, que son un modelo de arquitectura mediterránea, adecuada al clima, respetuosa con la privacidad y bien relacionada con los edificios que la rodean.

– ¿A qué se refiere cuando habla de arquitectura chillona?

– A los edificios esculturales, simbólicos. Una ciudad como Barcelona, con cafés, plazas y una rica vida urbana, no necesita más símbolos. La gente no quiere vivir en un símbolo, que encima es llamativo y gritón. Prefiere vivir en casas agradables. Cuando paseo por el Barri Gòtic no veo los edificios, pero los siento. Juntos forman un todo orgánico, civilizado. Podría venir todos los años aquí y no me cansarían. Es un lugar hermoso como una gran composición musical.

– ¿Quién promueve esos edificios simbólicos, escultóricos?

– El mercado. Hoy el cliente es el mercado. La arquitectura describe el nivel de cultura de una época. Y ésta es la del materialismo. De un materialismo que gusta de llamar la atención a gritos. No es únicamente la culpa de algunos arquitectos. Nuestra sociedad permite eso. Si tuviera un mayor nivel cultural, no lo permitiría. Pero sólo se piensa en términos de dinero y de beneficio.

– ¿Cómo invertir este ciclo?

– Pues con una gran recesión económica. No la deseo, claro. Pero ayudaría. La economía especulativa, recalentada, es una plataforma para las tonterías. Es algo que sucede ahora en todo el mundo. En China, India o el mundo occidental. Vivimos en la cultura del exceso. Fíjese en los puertos deportivos, con todos sus barcos de plástico. No son botes de pesca o de remo. Son un exceso. Pues bien, ese exceso construye nuevos paisajes. No soy comunista, ni siquiera socialista. Pero estoy preocupado por el nivel de codicia de nuestra sociedad.

– Comunista, no; ecologista, sí.

– Eso sí. El planeta está alterado. Suben las temperaturas, aumenta el número de ciclones y de huracanes. El hombre no cuida su medio natural… Pero soy también optimista. Esto empieza a cambiar. El navegante solitario Ian Kienan puso en marcha hace años la campaña Clean up Australia.Los frutos ya son visibles, en tierra, en el lecho marino y en el aire. El nivel de conciencia ecológica colectiva sube. La basura se ha reducido. Los delfines han vuelto al puerto de Sydney. Deberíamos pensarlo dos veces antes de tirar una colilla al suelo: tarda quince años en degradarse.